Sin que sirvan de norma estricta sino con la flexibilidad que las relaciones interpersonales requieren para ser fructíferas (es decir, lejos de la idea de un recetario)
proponemos algunas sugerencias practicas en la Comunicación VERBAL Y NO VERBAL, en la ESCUCHA y en el HABLA, entre el personal municipal y la ciudadanía.
EL PRIMER CONTACTO SALUDARSE
· Las primeras palabras deben ir precedidas de contacto ocular: a las personas nos gusta que nos miren. Y hay que mirar fundamentalmente a los ojos y al resto de la cara.
· Como norma general, deberíamos tomar la iniciativa y ser quienes iniciemos el saludo y centremos el diálogo.
· El saludo conviene iniciarlo con una declaración de buenos deseos y de aclaración de intenciones.
o"Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?
o"Hola, buenos días, ¿qué desea?
o"Buenas tardes, pase, por favor y siéntese, ¿en qué puedo hacer por
Usted?" o"Buenos días, ¿sería tan amable de esperar un momento? Enseguida estoy con Vd" o"Buenas tardes, siento haberle hecho esperar, ¿qué le ha traído por aquí?
· En todo momento, y a no ser que se nos indique expresamente lo contrario, el trato debería ser de usted, independientemente de factores de edad, sexo o status social.
· Si es pertinente y según las circunstancias, saludar estrechando la mano con firmeza y manteniendo la mirada.
PERSONALIZAR LA ATENCIÓN
Existen tres niveles de atención a la ciudadanía:
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ACOGIDA: nos limitamos a situar a la persona en las instalaciones municipales
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RECOGIDA: al nivel de Acogida se añade una frase de saludo y una indicación breve sobre lo que va a ocurrir en los momentos siguientes.
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RECONOCIMIENTO: el ciudadano o ciudadana siente muy positivamente que ha llegado a un servicio municipal porque la persona que lo atiende no sólo se le dirige y, sino que, en algún sentido, le reconoce (mencionar su nombre, personalizar a su caso en concreto, etc.)
· Siempre que sea posible, conviene situarnos en el tercer nivel o de reconocimiento. De no poder ser así, al menos esforzarnos por mantenernos en el 2º nivel o recogida y evitar la simple acogida.
· Las personas se sienten mejor cuando sienten que su presencia ha sido no solo detectada sino que pone en marcha nuestra actuación profesional. La gestión debería ir acompañada de cierta dosis de particularidad y empatía: recordar una situación anterior, manifestar cercanía ante una dificultad particular, utilizar nuestro nombre y el suyo, etc.
CAPACIDAD DE RESPUESTA
· Lo que más agradecemos las personas es que la solución que espera no sólo aparezca, sino que lo haga pronto. La rapidez de gestión es, a menudo, un factor decisivo en la calidad de un servicio con atención directa.
· Si una persona espera, espera y sigue esperando suele aumentar su carga emocional. La respuesta inmediata es que focaliza su atención es los aspectos negativos y minimiza los positivos.
· Aparecen las críticas destructivas y la desazón gana terreno. Intervenir en esos momentos es harto difícil y conviene sobremanera que no se llegue a ese estado psicológico de impaciencia.
· No siempre tenemos las soluciones buscadas en nuestras manos, porque muy a menudo dependemos de la gestión de otros servicios; luego, conocer su funcionamiento con cierta exactitud nos puede dotar de recursos ante una demanda ciudadana concreta.
· En definitiva, lo que estamos sugiriendo es que es necesaria cierta dosis de anticipación y de previsión. Buscar las informaciones sólo cuando las necesitamos o nos las piden no habla mucho en favor de una buena capacidad de respuesta.
MANTENER LA CALMA
· A veces, es inevitable perder los nervios, con razón o sin ella. Cuando no se tienen bajo control las respuestas fisiológicas de nuestro cuerpo, las reacciones emocionales y los pensamientos quedan también fuera de nuestro dominio. Es evidente que nuestra eficacia, está, en esas ocasiones, muy limitada.
· La experiencia confirma que en estado de excitación emocional las palabras que se emplean y el tono y volumen con que se emiten están, en la mayoría de casos, extralimitadas. Es decir, decimos aquello que no queremos decir, o si los términos son más o menos ajustados, no lo es el "tono general" de nuestra emisión. La persona atendida se sentirá muy probablemente mal-tratado.
· Una buena estrategia para mantener la calma en una situación tensa, de diálogo difícil, es respirar profundamente varias veces. Al enlentecer el ritmo respiratorio, el cuerpo es inducido a un tipo de repuestas más controladas y, por extensión, nuestras palabras aparecerán más fluidas y ajustadas.
· Otra estrategia igualmente eficaz es dialogar constructivamente con uno mismo o misma, es decir, emitir autoverbalizaciones del tipo:
o"Estoy haciéndolo lo mejor que sé. Animo" o"Es lógico que esta persona esté enfadada. No es personal, no va conmigo” o“Seguro que al final encontraré una solución. No tengo porqué agobiarme” o“Es lógico que manifiesten incomodidad con el rato que llevan esperando.
Yo me sentiría igual”.
o“Es imposible decirle otra cosa que lo que le he dicho. Bastante he hecho con decírselo calmadamente.” o“No puedo pretender contentar a todo el mundo. Estoy satisfecho/a de mi actuación”.
o“He perdido un poco el control pero me he dado cuenta pronto de que no era el camino a seguir. Estoy satisfecho/a”
· Las autoverbalizaciones que acabamos de señalar no sólo ayudan a mantener la calma interior sino que también consiguen que quien nos escucha, al observar nuestra tranquilidad, no se dispare en su descontrol.
Transmitir a la ciudadanía la percepción de que no perdemos los papeles suele reportar claros beneficios.
EVITAR LAS PROFECIAS NEGATIVAS
· Del mismo modo que hemos propuesto anteriormente un diálogo interior constructivo y positivo, es conveniente controlar las “predicciones” que sobre algunas personas tendemos a hacer, más bien de manera inconsciente y automática.
· Por lo general, dichas predicciones suelen ser negativas, es decir, nos lanzamos la hipótesis de que la cosa va a ir mal. Son frases tipo:
o“Este tipo me va a dar la mañana” o“Lo que me faltaba, la pesada del otro día” o“A este no le voy a pasar ni una” o“Esta maruja se va enterar de quién soy yo” o“Hoy no pienso aguantar a nadie” o“Este niñato que va de listo se va a acordar de mí” o“A ver qué pelmas vienen hoy” o“Lo que me faltaba, un sabelotodo. Me va a dar un ataque de nervios” o“Como venga otro más, reviento”
· Conviene tener cuidado con estas frases. Si observamos que nos decimos más de tres veces en un día autodiálogos como los anteriormente señalados, recomendamos hacer un esfuerzo de autocontrol para evitarlos, porque su efecto sobre nuestro comportamiento puede ser demoledor.
· Este tipo de profecías subjetivas funcionan de manera automática y, desgraciadamente, se cumplen. Si anticipamos que alguien nos va a dar la mañana, nos dará la mañana.
ESCUCHAR ACTIVAMENTE
· La escucha activa requiere concentración y disciplina. Si escuchamos a rachas o distraídamente, corremos el riesgo de perder información relevante que puede resultar, en un momento dado, decisiva.
· En muchas ocasiones, la persona que atendemos no tiene claro qué quiere, o simplemente, no lo expresa bien. Es labor nuestra facilitarle la expresión de sus necesidades y nada mejor que mirarle a la cara y colocarle en un ambiente lo más cómodo y relajado posible.
· Para conseguirlo, a toda costa hay que evitar:
o Interrumpirle mientras habla o Emitir juicios de valor u opiniones personales o Ofrecerle ayuda o soluciones prematuras o Hacer comentarios sobre su estado emocional.
· Por el contrario, es necesario demostrar con pequeños incentivos (verbales y no verbales) que estamos siguiendo su intervención:
o“ya”, “entiendo”,...
o“continúe, por favor”,...
o“si, sí”...
· A lo que hay que añadir un ligero e intermitente movimiento de cabeza (asentimiento).
· Tanto para hablar como para escuchar es conveniente manejar la distancia personal, siempre y cuando el espacio físico lo permita, lo que nos ayudará a controlar nuestro tono y volumen de voz, que sugerimos sea ligeramente bajo y acogedor.
· Escuchar activamente cansa y es difícil mantener la concentración. Una buena medida para contrarrestar el cansancio de escuchar al público es, dentro de lo posible, realizar una actividad distinta aunque sea por breves momentos. La más factible es, sin duda alguna, imaginar una situación placentera que ya hemos vivido o quizá está por venir.
AGRADECER LA COLABORACIÓN CIUDADANA
· En ocasiones, la resolución satisfactoria de un asunto requiere un esfuerzo suplementario, tanto por parte nuestra como por la persona en cuestión. Si ocurre esto último, es muy conveniente reconocer expresamente la colaboración recibida:
o “Gracias. Ya está todo resuelto” o “Espero que nos volvamos a ver. Gracias” o “Celebro que hayamos resuelto el tema. Gracias por su atención” o “Si no llega a ser por su previsión, lo teníamos complicado. Gracias por su colaboración” o “Ha sido un placer atenderle. Hasta la próxima” o “Gracias por venir. Aquí nos tiene. No dude en llamar si lo necesita”.
· No debe cortarnos la idea de que es obligación de los ciudadanos y ciudadanas traer ciertos documentos o poseer determinada información. Las personas valoramos el agradecimiento.
· Una última forma de agradecimiento es dar una despedida cordial, establecimiento de un contacto ocular y ofreciéndonos para futuras ocasiones.